Christopher Robin - Un Reencuentro Inolvidable

Christopher Robin - Un Reencuentro Inolvidable

¿Cuándo fue la última vez que nos sentimos “niños”? Tal vez un claro indicador de esto debió ser dejar de recibir un regalo en el día correspondiente del año. Tal vez fue cuando, en clara rebelión adolescente, impusimos a nuestros padres el ser “tratados como adultos” -nueva prueba de que nuestros objetivos en la adolescencia no son tan atinados. Luego la vida nos trae la universidad y/o la carrera laboral para terminar de sepultar los vestigios de niñez que nos quedan. ¿Cuánto perdemos cuando ingresamos a este mundo? ¿Cuál es nuestra recompensa? ¿Hicimos un buen intercambio?

De niños todos éramos dibujantes, cantantes y bailarines, pero la adultez nos trae un paquete de pavor ante cualquiera de estas situaciones -si es que no somos profesionales o estudiantes avanzados de la materia-. Nuestro concepto de diversión incluso cambió con el tiempo. Ya no más forjar reinos en arena o aventuras por el espacio en una caja de cartón. La diversión ahora toma forma de una consola de última generación o algún juego estructurado con reglas y mandamientos que no pueden romperse.

Tal vez empieces a preguntarte a qué vienen todas estas preguntas y reflexiones personales cuando has hecho clic en el link para leer sobre el lanzamiento de Christopher Robin - Un reencuentro inolvidable.  La respuesta tiene un poco de spoiler -sin ser uno-: todas esas preguntas son las que uno se hace al terminar de ver el nuevo film de Disney.

No hay otro actor en la actualidad que podría representar esa dicotomía entre adulto y niño como Ewan McGregor, quien todavía sabe sacar esa sonrisa infantil que claramente le surge de adentro, y es un perfecto Christopher. Acompañándolo en esta aventura -aparte de los obvios habitantes del Bosque de los Cien Acres- se encuentra Hayley Atwell -también conocida como la Agente Carter de Marvel- quien abandona completamente cualquier vestigio de su rol como figura de acción en un mundo de super-héroes y, así como podría hacer un juguete resignificado por un niño, se muestra como la esposa del protagonista. Siendo ella el vínculo esencial para que Christopher encuentre ese punto medio entre “niño” y “adulto” que su vida necesita.

Es un reencuentro con Winnie Pooh, Tigger, Conejo, Igor, Puerquito y toda la banda. Pero en esencia podríamos decir que el verdadero reencuentro que uno se lleva con esta película es con ese pequeño niño, sepultado en las responsabilidades de trabajo y adultas, que busca su propio hueco de árbol para abrirse camino a nuestras vidas nuevamente. No lo hagamos esperarnos mucho más.

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